Cuando el amor se va… El duelo en las rupturas de pareja

¿En qué afecta una separación? El duelo en la pareja. 



Las pérdidas en el amor siempre son dolorosas, no hay escapatoria ni parche suficientemente duradero que permita un atajo al inevitable proceso de duelo que requiere para dar lugar a una depreciación del dolor. Evidentemente no será lo mismo dolor el sentido después de un largo tiempo para pensar y decidir dejar a una pareja, que al de ser dejado de manera repentina. Tampoco es igual el dolor luego de perder al ser querido que es arrebatado por la enfermedad o la vejez que la separación de una pareja que nos ha hecho mucho daño. Pero todos estos ejemplos nos muestran distintas maneras de vivir la separación, las pérdidas y el trabajo de duelo que cada una requiere. 
¿Por qué un duelo? 

“Lo que hace sufrir no es la pérdida del ser amado, sino continuar amándolo más que nunca,
ahora que sabemos que lo hemos perdido irremediablemente” J. D. Nasio 

Porque toda separación -de las distintas maneras posibles- implica un cierto dolor, lástima, aflicción por el ser que ya no nos acompaña, el que nos ha dejado. A pesar de las situaciones diferentes de separación todas exigen aprender a vivir sin el otro y encontrarse inevitablemente con la soledad. Un camino inevitable por recorrer, ya que cuando los duelos no se transitan, se quedan ahí acumulándose y vuelven a hacer presencia en una nueva pérdida. 

Es como si las pérdidas fueran anudándose unas a otras, y nos retrotraen hasta la primer experiencia de separación, abandono y desamparo. Por ello el abandonado, en su recorrido minucioso por los recuerdos -intentando entender el porqué de su abandono- repasa anteriores pérdidas, detalles, señales que parecían haber quedado en el olvido. 
¿Ser positivo? 

“…Ellos tienen razón esa felicidad al menos con mayúscula no existe ah! pero si existiera con minúscula seria semejante a nuestra breve presoledad…”
Soledades Mario Benedetti


La sociedad actual impregnada de la exigencia a ser feliz, muchas veces nos impide estar tristes, la urgencia se impone al dolor y muchos duelos quedan acumulados, sin ser reconocidos y transitados. Hoy en día parece que estar triste no tuviera lugar, que sentir pena es no ser lo suficiente positivo -con la culpabilidad que puede ocasionar- y que hablar del dolor es por mero masoquismo o pesimismo. ¡Cuidado puedes deprimirte! confundiendo la función que la tristeza representa, el duelo inevitable a transitar y la gravedad de una alteración del estado del ánimo como es la depresión. 


Ocuparse o preocuparse 

“Ahora es nunca, todo es nada, si no descanso en tu mirada”  Ahora es nunca. 
Gustavo Cerati


A veces da lugar al malentendido en donde el ocuparse de lo actual, de lo aquí y ahora de esta pérdida que despierta este dolor; queda enjuiciado por el preocuparse (en exceso de antemano de algo que no sucede aún y puede que nunca suceda), como si el abandonado exagerase en su dolor. 

¡No es para tanto, ya conocerás a otra persona!, si probablemente conocerá a otra persona pero en ese momento necesita llorar a la persona especial que ha perdido, que no será reempalazada y a la que hoy aún vive como indispensable. Nadie es indispensable, pero el abandonado tiene que poder recuperarse a sí mismo, con lo que ha depositado en el otro (le ha dado todo, se ha entregado, le he dedicado mi vida) para poder reducir su dolor y recuperar -si la ha tenido- su autonomía. De momento sólo siente lo perdido, las ilusiones tenidas, los proyectos que han quedado inconclusos, los sueños no alcanzados. Podrán venir nuevos amores, pero serán otros y no ese. 


El camino que nos reconforta 


“… A veces no me siento tan solo si imagino mejor dicho si seque mas allá de mi soledad y de la tuya otra vez estas vos aunque sea preguntándote a solas que vendrá después de la soledad.”
Soledades. Mario Benedetti 


Cuando los duelos no nos dejan seguir el camino es tiempo de pedir ayuda. El tiempo en sí mismo no todo lo cura, el tiempo es necesario pero sólo como aspecto que encuadra “el trabajo inevitable del duelo” (Freud). Pero para ello el primer paso será reconocerlo y tramitarlo, para poder empezar el proceso normal y doloroso de todo duelo. 

Un espacio terapéutico donde no estar sólo, estar acompañado, paso a paso en la tramitación, para una vez hecho este recorrido, poder seguir el camino sólo sin sentirse abandonado. Poder formar tal vez, una nueva pareja, -si es el deseo- que no reemplaza a la anterior por necesidad. Una oportunidad en la que elaborar las experiencias dolorosas para salir enriquecido y reconfortado. 

El duelo lleva tiempo, es amargo, tal vez requiere llorar mucho, pero una vez lo hayamos transitado sabremos más de nosotros mismos, de la vida y del sufrimiento. Pero lo más valioso después del duelo -nos dice Mariela Michelena– es el sentimiento reconfortante de saber que hemos podido sobrevivir a la agonía que implica un abandono. Podremos recordar con cariño sin sentirnos invadidos de rabia, desconsuelo, culpa y seguramente habremos aprendido mucho sobre el amor y el dolor, en donde ambos son indisociables e indispensables en la vida de todo ser humano. 



Bibliografía de referencia: 

Zigmund Bauman Entrevista realizada por Jordi Évole en su programa “Conectados” de Salvados para la Sexta televisión. España 20/2/2017
Mario Benedetti (1995) “Soledades” El amor, las mujeres y al vida. Ed. Alfaguara.
Mariela Michelena (2012) “Me cuesta tanto olvidarte” Ed. La esfera de los libros. España.
Winnicott, Donald (1958) “La capacidad para estar a solas”. Obras completas. 




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