El síndrome del "no soy suficiente"



Cuantas veces hemos sentido que no somos suficientes para los demás, sientes que no eres bonita, que si eres chaparra, que no tienes suficiente inteligencia, tantas cosas pasan por nosotros cuando no tenemos amor propio, cuando yo estaba quebrada encontré esta nota de huffingtonpost.com.mx que me hizo replantearme donde estaba parada y darme cuenta que yo misma me estaba auto boicoteando:

A veces me parece que sin importar edad, sexo, posición social, económica o cultural, vamos por el mundo buscando la aprobación de la gente, cuando esta debería venir, en primer lugar, de nosotros mismos, de nuestro interior. Partiendo de ahí, lo demás debería ser lo de menos.

El discurso de Selena Gomez en los pasados American Music Awards me conmovió muchísimo: "Tenía que parar. Porque lo tenía todo y aún así estaba absolutamente rota por dentro" dijo en aquella ocasión. Sus palabras resonaron en mi corazón.

En estas vacaciones me di cuenta que sin importar los éxitos que logremos, las victorias que alcancemos, los logros que obtengamos, nada ni nadie nos hará sentir bien si primero no nos sentimos bien nosotros con nosotros mismos. Si nuestra autoestima está lastimada, no hay manera de sentirnos "suficiente".

Suficientemente bonitas para gustarle al chico que nos llama la atención, suficientemente inteligentes para obtener el puesto que deseamos, suficientemente audaces para triunfar en ese nuevo negocio; suficientemente atractivas, generosas, listas, valientes, independientes, you name it.

Nada ni nadie nos hará sentir bien si primero no nos sentimos bien nosotros con nosotros mismos.

Pero como dijo Selena: "Si estás rota, no tienes que quedarte rota". Creo que un primer paso para elevar la autoestima es saber que tenemos que hacer este trabajo y que hay diferentes herramientas para ayudarnos, desde libros (te recomiendo mucho los de Byron Katie) hasta terapia o coaching personal.

Creo que tener poco amor propio nos hace aceptar conductas y actitudes que no tendríamos que, llámese una relación de pareja abusiva o un jefe grosero y humillante. Otro factor que me parece determinante a la hora de decidir si nos ahogamos o no en un vaso de agua es la fe que tenemos en Dios o como le llames a Aquello que consideres divino. Porque si está en nuestro destino, ha de llegar.

He llegado a pensar que existe cierto tipo de personalidad que disfruta agregarle drama a su vida, cuando en mi opinión esta ya tiene lo suficiente. Considero casi un hecho que hay personas que gozan llorando o deprimiéndose, y quizá sí porque les ha funcionado (si no, ¿por qué habrían de hacerlo?). Pero si tú como yo prefieres vivir más y mejor, hay que desprogramarnos de la tragicomedia.

Si la gente no va o no nos invita a sus eventos, sean bodas, cumpleaños o bautizos, ¡¡ni modo!! Al final del día es algo que si no nos mata (lo cual es 99% seguro) nos hace más fuertes. Lo que daña, creo yo, no es el desaire en sí, sino el no sentirnos "lo suficiente" para ser considerados en su lista. Pero eso, es problema nuestro, no de los demás. Es un problema de autoestima que tenemos que trabajar... Y entre más pronto, mejor.

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