El camino de las lagrimas


El Dios en quien yo creo
no nos manda el problema,
sino la fuerza para sobrellevarlo.

Harold S. Kushner.


El camino de las lágrimas comienza cuando nos conectamos con lo doloroso; con la perdida de alguien, (ya sea muerte o alejamiento) o algún objeto; debido a la cultura en la que vivimos, en donde nos han enseñado a sufrir por la muerte de un ser querido, a depender de alguien para realizar ciertas actividades, ha tener una “muleta” para seguir adelante y si no la tenemos, no podemos continuar y nos enfrentaremos a caminar por el “oscuro” camino de las lagrimas aunque este alejamiento o perdida de objeto sea para mejorar o crecer, no evita la pena; el dolor que ocasiona el fue, el ya no estará, el se perdió. 

Jorge Bucay menciona:
COMPENSA pero NO EVITA
APLACA pero NO CANCELA
ANIMA a seguir pero NO ANULA la pena.

Y es así como inevitablemente nos sumergimos en el camino de las lágrimas; el cual tiene trazado los mapas, que si los conocemos ayudaran a llegar “más enteros” al final de camino. Estos mapas son nuestras percepciones, la forma en que vemos al mundo, como lo enfrentamos y asumimos, sin embargo estos mapas son nuestros mapas, no son el territorio; y es precisamente como hemos trazado nuestros mapas como enfrentaremos el dolor de la perdida.

Este camino inicia cuando se produce la perdida y termina cuando se supera esta. Sin embargo habrá que pasar por procesos (largos o cortos, de acuerdo a nuestro mapa) para llegar al final de forma satisfactoria.

En este camino interviene, obvio y necesariamente, la elaboración del duelo, que es un trabajo para enfrentarnos a la nueva realidad. Aunque es un trabajo difícil, es un trabajo al que nos hemos enfrentado durante toda nuestra vida, en grandes o pequeñas proporciones, al crecer vamos perdiendo un sin numero de cosas y personas, desde los amigos y maestros de la infancia, las escuelas, los empleos, etc.; incluso las personas y objetos que aun están con nosotros han cambiado, y por ende, hemos perdido a esa persona, que fue y que ahora conocemos, convivimos y aceptamos a la que es.

Sin embargo en nuestra educación hemos aprendido que no podemos vivir sin el otro, pero solo en muy pocas ocasiones, o nunca, nos damos cuenta que no podemos vivir sin nosotros mismos.

Y aunque suena incongruente toda perdida, otorga una ganancia, que es “un pasaporte para vivir mejor”, un análisis para reestructurar nuestras percepciones erróneas y poder mejorarlas; como el vivir día a día, con el compromiso visto así: día a día; aprender a desarrollar la habilidad de desear sin quedarme pegado a este deseo, en aceptar la conexión y la desconexión con las cosas.

“Elaborar un duelo es aprender a soltar lo anterior. Sin embargo, si tengo miedo de las cosas que vienen y me agarro de las cosas que hay, si me quedo centrado en las cosas que tengo porque no me animo a vivir lo que sigue, si creo que no voy a soportar el dolor que significa que esto se vaya, si voy a aferrarme a todo lo anterior... Entonces no podré conocer, ni disfrutar, ni vivir lo que sigue.”

Te comparto un link de descarga que encontré en la red para que puedas leerlo:


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