Las mujeres de mi vida




Uno de nuestros mayores tesoros es la red de afectos que formamos con mujeres. Las mujeres de nuestras vidas son una fuente de amor, de conocimiento y de poder para todas nosotras.

Las mujeres de nuestras vidas son las mujeres de nuestra familia, las vecinas, las amigas de la infancia, las de la adolescencia, las compañeras de estudios y de trabajo, y todas aquellas con las que nos relacionamos en momentos puntuales, o a lo largo de nuestras vidas.

Todas las mujeres que conocemos tienen una gran historia, y llevan toda la vida luchando. Luchan por sobrevivir, por obtener ingresos suficientes, por mejorar su situación laboral, por sacar adelante sus proyectos.

Luchan desde su día a día contra el patriarcado, en un mundo que nos pone todo tipo de obstáculos en el camino sólo por el hecho de ser mujeres.


Vivimos en un mundo desigual, injusto y violento, por eso todas las mujeres de nuestro entorno se han derrumbado y se han vuelto a levantar, se han sentido derrotadas y han seguido luchando.

Las mujeres que nos rodean son un modelo para nosotras, y nosotras también somos una referencia para las demás: nuestra alegría de vivir es contagiosa, nuestra valentía y nuestra fuerza también son contagiosas.
Juntas somos más poderosas

Cuando una se libera, es como si nos liberáramos todas, porque nuestros problemas son muy parecidos y la mayor parte de ellos tienen que ver con el patriarcado.

Cuando una mujer toma buenas decisiones y lleva el timón de su vida, todas las demás nos sentimos inspiradas, y motivadas para hacer lo mismo.

Las mujeres de nuestra vida nos hacen la vida más bonita, y más fácil. Nos apoyan, nos acompañan, nos escuchan, nos ayudan, nos dan buenos consejos, nos sacuden para que espabilemos, nos animan a llevar la a realidad nuestros sueños, nos sostienen en los días malos, y nos juntamos con ellas a celebrar la vida y los éxitos.

Con algunas de esas mujeres podemos hablar horas y horas sobre nuestros dolores, nuestras metas, nuestros saberes, nuestras recetas, muestras preocupaciones, nuestros miedos, nuestras alegrías, y nuestras penas.


Sin ellas nuestras vidas serían más pobres, y más tristes.

Cuando tenemos redes sólidas de amor y apoyo mutuo entre nosotras,somos más fuertes y tenemos más capacidad de resolución que cuando estamos solas.


Quizás por eso las princesas de Disney necesitan tan desesperadamente a un Príncipe Azul: porque están solas, y aisladas de otras mujeres, encerradas en un castillo, o solas en un bosque. Solas, necesitadas, tristes, frágiles y vulnerables: así son las protagonistas de las Historias de Amor.


Las mujeres de carne y hueso son mucho más fuertes, y no necesitan ningún Príncipe Azul.


Las mujeres siempre hemos formado redes de apoyo mutuo y de trabajo en equipo: nos ayudamos a criar bebés y niños, colaboramos para dar de comer a mucha gente, cuidamos a los enfermos y a los ancianos

Fuente: Mente Sana

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